miércoles, 2 de enero de 2008

Cernuda en Hölderlin


Hay una Grecia que existe solamente en la imaginación de los poetas, una Grecia de dioses muertos y de estatuas truncadas, de héroes adolescentes y destinos trágicos; mágico país que puede ser nostalgia o realidad, pero siempre, y ante todo, marco y paisaje para el pensamiento y la expresión poética.

A pesar del evidente parentesco que en talante y cultura tienen entre sí los países mediterráneos, ha sido poca la huella que esta mítica Grecia ha dejado en la poesía española. Las referencias mitopoéticas que puedan encontrarse en Góngora, por ejemplo, proceden más bien de la Latinidad y, en cualquier caso, forman el decorado, nunca el espíritu de su obra. El paganismo alegre y trágico no se aviene con la mística, con el ascetismo hispánico, que prefirió el cultivo del alma al del cuerpo.

Sevillano, como Góngora, quizá sea Luis Cernuda (1902-1963) el poeta que en nuestro país sufriese más la influencia de ese lugar de ensueño y de infancia que hemos dado en llamar Grecia. Y tuvo que recibirla por el intermedio de un poeta alemán, de Hölderlin. Su versión de algunos poemas de éste, publicada por primera vez en "Cruz y Raya" en 1936, ha sido reeditada hace poco, precedida por un lúcido prólogo de Jenaro Talens. Se trata de un librito curioso y bello, más interesante quizá para aquellos que sigan la trayectoria poética de Cernuda que para los amantes de Hölderlin. En su introducción propone Talens que no se cotejen los versos de Cernuda con los originales en alemám que los acompañan, "porque -dice- no es tanto traducción como funcionan, sino tanto en parte integrante de La Realidad y el Deseo". Es sabido que cualquier poeta al traducir a otro se apropia en cierto modo de su escritura, de su palabra, y la vierte a su propio pensamiento: en el caso que aquí nos ocupa, esto es más que evidente. Cernuda utilizó a Hölderlin y lo convirtió en un elemento más, integrante de su propio mundo poético y aun vital.

Hasta 1931, Luis Cernuda, con ser ya uno de los mejores -si no el mejor- poetas de la generación del 27, se hallaba por completo bajo la influencia de la poesía francesa. Su primer libro, Perfil del aire, (1927), acusaba una marcadísima influencia de Jorge Guillén y de la "poesía pura". Después cayó bajo el mefítico rayo de acción del grupo surrealista francés, al que le llevaban su satanismo, su ansia de transgresión y la búsqueda de la metáfora extravagante y la imagen imposible, develadoras de una realidad no habitual. Pero, hacia el 31, hastiado por la estrecha interpretación del mundo y del espíritu y por el exclusivismo literario preconizados por los surrealistas (que se nutrían casi exclusivamente de novela gótica, poesía simbolista francesa, y literatura psicoanalítica), buscó Cernuda un nuevo campo en la poesía inglesa y alemana, dedicándose al estudio de los idiomas originales, y descubrió a Holderlin. El propio poeta narra su hallazgo: "Al ir descubriendo, palabra por palabra, el texto de Hölderlin, la hondura y hermosura poética del mismo parecían levantarse hacia lo más alto que puede ofrecernos la poesía. Así aprendía, no sólo una visión nueva del mundo, sino, consonante con ella, una técnica nueva de expresión poética".

De hecho, lo que Cernuda descubrió en Hölderlin fue a sí mismo. A partir de aquel momento abandonó el sectarismo literario surrealista, y su ya increible sensibilidad poética fue mil veces potenciada. Un mundo de imágenes nuevas invadió su poesía, y éstas imágenes eran Grecia, o una visión de Grecia, bastante diferente, por cierto, a la que pudiera tener Hölderlin mismo. Vittorio Bodini, en su estudio sobre Los poetas Surrealistas Españoles define a Cernuda como "el mayor cantor de la adolescencia, de la indolencia, del cansancio. "La Grecia de Hölderlin" y del "Sturm und Drang", la Grecia vista por Alemania era un futuro más que un pasado, algo vivo donde había que regresar. En Cernuda, esto se transforma en una nostalgia, casi en un recuerdo de infancia. La diferencia entre el alemán y el sevillano estriba en que el primero cree en los dioses, y el segundo los añora. "También los dioses se descomponen", dijo Nietzsche, otro amante de Grecia, y el aroma de esta divina putrefacción perfuma la obra entera de Cernuda. Todo en él -o todo lo que en él queda de Grecia- son estatuas rotas, héroes muertos...

La obra de Cernuda, y la de Hölderlin, se sitúan más allá de la crítica, pues son obras maestras. Lo único que puedo hacer es reproducir un fragmento de uno de los poemas recogidos, Los Titanes, que es de mis preferidos, seguro que su calidad hablará por sí misma.


"Pero no es/ tiempo,/aún están ellos/ desencadenados. No atañe lo divino a quienes no lo sean./Que cuenta den/ a Delfos. Otórguenme entre tanto horas festivas,/quisiera descansar para acordarme/ de los difuntos. Muchos han muerto,/ generales en los antiguos tiempos,/ y bellas mujeres, y poetas,/ y en los nuevos/ muchos de entre los hombres./ Yo, sin embargo, estoy solo".


E. Haro Ibars. "TRIUNFO" Num: 649, 08-03-1975 Página(s):63-64.